Encuestas, un daño para la democracia

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Las encuestas se han convertido en un componente determinante en los procesos democráticos, gracias a que sus resultados son utilizados para precisar candidaturas, campañas, coaliciones, financiamientos, cubrimiento de medios y estrategias, para finalmente alterar la intención de voto y así, definir la elección de gobernantes y el respectivo rumbo político de pueblos y naciones, afectando positiva o negativamente la calidad de vida de sus ciudadanos.

Por tal motivo, es un error negar o restar importancia a la influencia que las encuestas generan en los electores, quienes, lastimosamente dejan de lado el deber civil de hacer un análisis crítico-objetivo de las opciones democráticas y terminan, gracias a las encuestas, convalidando la opinión externa al tomar una decisión sesgada.

Para entender mejor cómo las encuestas pueden sesgar la opinión pública y alterar la intención de voto, es pertinente tratar acerca de 2 efectos estadísticos que explican el sesgo que las encuestas pueden ocasionar en la intención de voto:

Efecto Bandwagon 
Dichos como "Subirse al bus de la victoria" o "¿Donde va Vicente? Donde va la gente!" son ejemplos de este efecto, que también se le conoce como efecto de arrastre, efecto de la moda o efecto Panurgo, el cual representa la situación en que de forma oportunista, los individuos siguen una causa sólo porque muchas personas la siguen, para el caso de las encuestas, cuando un resultado da muestra de una de las alternativas con ventaja sobre las demás, los electores tienden a sumarse a ella sin mayor criterio.

Efecto Underdog 
Al contrario del Bandwagon, este efecto radica en la simpatía que algunas personas profesan por alternativas perdedoras, precarias, disminuidas u oprimidas, siendo más preciso, el sentimiento de lástima por una causa con pocas posibilidades, por ejemplo, en el ámbito deportivo durante un encuentro entre un equipo claramente superior (digamos... Real Madrid) contra otro equipo de menor nivel (Deportivo Caracas, por ejemplo...) los individuos que no tienen filiación por ninguno de estos equipos brindarán mayoritariamente su apoyo por el equipo inferior.

A estos efectos estadísticos y el sesgo consecuente, se debe agregar la posibilidad que las encuestas puedan ser manipuladas para favorecer a determinados candidatos, para ello, existen algunas "estrategias" que sin ser todas ilegales, si pueden ayudar a forzar resultados, dentro de estas estrategias tenemos:
  • Contratar encuestadoras pequeñas para que muestren resultados falsos, donde se resalte a determinado candidato.
  • Definir áreas o lugares específicos donde consultar, conociendo de antemano que son favorables o no a determinados candidatos.
  • Generar confusión con los nombres de los candidatos (juntando nombres y apellidos similares, mencionar los nombres completos o dejando de usar apodos por los cuales les reconocen).
  • Ocultar otras opciones, no incluyéndolas intencionalmente en las preguntas.
  • Invisibilizar opciones alternativas incluyendo sólo los aspirantes más opcionados.

Por estas razones, es posible afirmar que las encuestas alteran de forma negativa las desiciones democráticas, sesgando la opinión pública y siendo herramienta para engañar al electorado con la mala intención de favorecer intereses políticos particulares, que generalmente, buscan únicamente el beneficio propio, en detrimento del beneficio común.

Finalmente, es una conclusión rotunda, que las encuestas no deben ser permitidas en época electoral, por el contrario, su prohibición debe ser un paso importante en el camino hacia una democracia objetiva y por ende, una sociedad que elige mejor a sus gobernantes.

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